La actividad física continúa consolidándose como uno de los pilares del tratamiento de la diabetes tipo 2, junto a la alimentación y la medicación. Distintos estudios recientes han apuntado un efecto positivo significativo del entrenamiento de fuerza sobre el control glucémico a medio plazo.
En concreto, se ha observado una disminución relevante de los niveles de hemoglobina glucosilada (HbA1c) en personas que incorporan ejercicios de fuerza de forma regular, un indicador clave que refleja el control de la glucosa en los últimos meses.
Los especialistas recomiendan combinar este tipo de entrenamiento con actividad aeróbica moderada, como caminar, nadar o bailar, siempre adaptando la intensidad a la condición física de cada persona y con supervisión profesional al iniciar una nueva rutina.