Además del ejercicio programado, cada vez hay más evidencia sobre el impacto de los pequeños movimientos repartidos a lo largo del día. Las recomendaciones actuales aconsejan interrumpir la sedestación prolongada cada 30 minutos para obtener beneficios adicionales sobre la glucemia.

Actividades sencillas como levantarse a caminar unos minutos, hacer tareas domésticas o subir escaleras pueden marcar una diferencia real quienes pasan gran parte del día sentados, ya sea por trabajo o por otras circunstancias.

Estas pausas activas se plantean como un complemento, no un sustituto, del ejercicio físico regular recomendado para las personas con diabetes tipo 1 y tipo 2.