Uno de los datos más citados sobre la prevención de la diabetes tipo 2 proviene de un seguimiento de tres años a personas con alto riesgo de desarrollar la enfermedad. El grupo que siguió una dieta baja en grasa combinada con 150 minutos semanales de ejercicio moderado redujo en un 58% su riesgo de desarrollar diabetes tipo 2.
Los investigadores señalan que la pérdida de peso fue el principal factor asociado a esa reducción de riesgo, aunque el ejercicio también aportó beneficios propios sobre la sensibilidad a la insulina, independientemente del peso perdido.
Este tipo de resultados refuerza los mensajes de salud pública que sitúan la actividad física regular, junto con la alimentación, como una de las herramientas más eficaces y accesibles para la prevención de la diabetes tipo 2.