Un estudio liderado por la investigadora Laura Granés, del Institut de Recerca en Atenció Primària Jordi Gol (IDIAPJGol), analizó datos de atención primaria de más de 150.000 embarazos en el área metropolitana de Barcelona a lo largo de 12 años, entre 2011 y 2022.

Los resultados muestran que la exposición acumulada durante 30 días seguidos a temperaturas medias de entre 21 y 23 grados —una media que incluye también las temperaturas nocturnas— puede duplicar el riesgo de que a una mujer embarazada se le diagnostique diabetes gestacional. No se trata de un pico de calor puntual en un solo día, sino del efecto de mantener temperaturas elevadas de forma sostenida durante varias semanas.

El estudio también encontró que las mujeres embarazadas que viven en barrios con un nivel socioeconómico más bajo son más vulnerables a los efectos del calor, lo que según los autores refuerza la necesidad de tener en cuenta el contexto social y ambiental, y no solo el clínico, a la hora de prevenir la diabetes gestacional.